Probando nuevos pinchos por Gijón

Bueno, pues otra vez he tenido oportunidad de recorrer las calles de Gijón y probar algunos de los pinchos que ofertan estos días los locales de la ciudad. Sin las decepcionantes sorpresas de la ocasión anterior, naturalmente algunos me han gustado más que otros por diversos factores así que nuevamente voy a hablaros de los tres pinchos que he podido degustar, comenzando -como en el anterior post- por el que a mi juicio ha sido el peor de ellos y terminando por el que más me ha convencido.

Antes de empezar no obstante me gustaría llamar la atención sobre el hecho de que, por lo menos hasta donde yo he podido comprobar por ahora, todos los establecimientos están ofertando sus pinchos a un precio de 2 €. Dado que el concurso permite oscilar el precio entre 1,5 y 2 €, teniendo en cuenta los tiempos de crisis que vivimos, y entendiendo que tanto por los ingredientes usados como por la técnica empleada la diferencia entre un pincho y otro resulta a veces abismal, parece que algunos hosteleros han tenido más preocupación por sacar el máximo provecho de la oportunidad que ofrece el concurso de cobrar los pinchos, que de presentar una propuesta cuidada de cara al cliente que realmente compense lo que se paga. Participar en un concurso gastronómico es por supuesto una oportunidad de publicitar un negocio de hostelería; pero de ahí a verlo únicamente como una ocasión de ganar dinero sin presentar una propuesta creíble en su relación calidad-precio, hay toda una diferencia y desde la perspectiva del cliente resulta a menudo escandalosa, sino indignante.

Solomillo se mueve (Baypas's)

Dicho esto, voy a comenzar hablando del que para mí ha sido el peor de los tres pinchos que he tenido ocasión de probar en mi último recorrido. Se trata del "Solomillo se mueve" del Baypas's, un bar de copas ubicado en la calle Cervantes, en pleno centro de Gijón y en la Ruta de los Vinos. Tengo que reconocer que opté por él sin tenerlo previsto, ya de retirada, porque el local al que pretendía ir en realidad no abría los domingos y se me agotaba el tiempo, así que iba un poco a ciegas, tanteando, hasta que me topé con su cartel anunciando el pincho de concurso y detallando sus ingredientes: me pareció interesante, y entré. Pero de lo dicho al hecho, en este caso hubo todo un trecho.

Según nos especifican en el propio cartel del establecimiento, se trata de un "Solomillo con pimiento del padrón sobre una base de torto de maíz y manzana, acompañado de crujiente de puerro". La presentación del pincho, sin sobresalir, está cuidada, hay que reconocerlo, como es de agradecer que accedieran a servírmelo pese a que había pasado la hora que especifican en el Gastromapa. Pero la presentación no lo es todo -para mí es un factor casi secundario frente a otros como el sabor, la textura, la originalidad o la combinación de ingredientes, por ejemplo- y en este caso me temo que es la mejor parte del pincho. 

A la hora de comerlo el puerro que lo recubre resulta no sólo excesivo sino supérfluo, molesto, acabas apartándolo porque realmente no vas a comértelo y te estorba para comer un pincho que ya de por sí resulta bastante difícil de morder por su tamaño y disposición. De hecho al primer bocado, y eso que tuve mucho cuidado, el pincho se deshizo por completo y perdió toda su composición.

El torto de maíz de la base tenía una textura correcta, un poco seco quizás, pero no tenía mucho sabor, aparte de que por su delgadez sirve como plato pero no para sujetar los ingredientes, por lo que ya expliqué antes, cosa que resulta vital salvo que decidas comértelos por separado, lo cual no tendría mucho sentido. 

Me llevé una decepción con el solomillo: por 2 € de pincho me esperaba un solomillo de ternera o buey, pero en su lugar me topé con un solomillo de cerdo que, a juzgar por su dureza, o realmente no era solomillo o estaba tan mal hecho que no se notaba que lo fuera; se supone que un solomillo debe tener tanto textura como sabor suaves: éste por contra estaba tan duro que incluso mordiéndolo con fuerza me costó esfuerzo y un buen pringue de manos (ahora entiendo que me entregaran tantas servilletas) arrancar un trozo, y su sabor realmente era seco y soso, sólo salvado por la salsa que lo cubría. El pimiento y la manzana casi ni se notan, están ahí sin cumplir su papel, y esta última además de no aportar casi sabor tenía una textura blanduzca que no combinaba muy bien. 

En conjunto, además de los factores en contra ya mencionados, la combinación de ingredientes no es mala a priori pero falla porque los sabores que destacan principalmente al comer el pincho son el del pan de maíz y el de la carne de cerdo, y ambos no tienen la calidad necesaria para dar al paladar un resultado satisfactorio. Esperaba también unos ingredientes más originales, la presentación es actual pero esos ingredientes no me pegan en un local de copas con diseño moderno, sino para un bar o una sidrería... Francamente, no es un pincho para recomendar, y por el producto y la calidad del mismo que se ofrece, 1 € sería un precio más que justo para este pincho.

Arancini Geppeto (Geppeto)

El segundo de la tarde, que coloco en el medio, es la propuesta que nos presenta este año la pizzería Geppeto de la c/San Bernardo, cerca de la Playa San Lorenzo. El arancini es una croqueta rellena de arroz y de color anaranjado por el azafrán típica de la gastronomía siciliana, y la verdad que pega perfectamente para un restaurante italiano. La presentación del pincho es más bien simple, muy sencilla, acompañando la croqueta con un poco de salsa fresca de tomate -me hubiera gustado un poco más para poder mezclar- y con virutas de queso y perejil seco espolvoreado por encima; no obstante, aunque sin ostentaciones y menos llamativa, es correcta porque hace que nos centremos en la croqueta en sí, que tiene un tamaño considerable y es la verdadera protagonista, sin más florituras. 

La textura del rebozado de la croqueta está muy bien, es crujiente y fina sin exudar demasiado aceite, aunque en su contra tengo que decir que combinada con el tamaño considerable de la croqueta hace que ésta llegue en ocasiones a ser difícil de sujetar, porque se rompe a causa del peso. El relleno de la croqueta es el que va a deleitarnos el paladar con una estupenda mezcla de arroz, caldo de pollo, boletus y queso parmesano como ingredientes principales. Da gusto comerla y servida caliente tiene una textura y un sabor muy agradables, aunque realmente lo que sobresale es el sabor del arroz -cocinado perfectamente- y de las setas, mientras que el resto de ingredientes se mezclan demasiado y resulta difícil diferenciarlos. La salsa de complemento tiene un sabor agradable y fresco, pero no es fácil de mojar porque no es muy abundante y por el tamaño de la croqueta, así que tampoco se nota mucho la diferencia entre combinarla o no con el arancini. Pese a todo es un pincho que me volvería a comer y que no dudaría en recomendar.

Una cosa que resulta irónica y que me gustaría comentar como anécdota, sin pretender desmerecer por ello a esta estupenda y sabrosa croqueta del sur de Italia, es que a la hora de pedir las consumiciones nos sirvieron -mientras esperábamos por el arancini- unos sencillos y enormes pinchos de pan, lechuga, tomate fresco, jamón natural y carpaccio que, a decir verdad, resultaron tanto o más sabrosos que el pincho de concurso en cuestión... ¡Pero estos eran gratis! Han sido los mejores pinchos de cortesía con diferencia, por tamaño, frescura y sabor, que me han puesto en todo el campeonato y en mucho tiempo.

El último emperador (Vinos y Chacinas)

Por último hablaré del que para mí ha sido el pincho que ha destacado en esta ocasión de los tres que probado en los establecimientos participantes en el concurso. Se trata de la proposición que nos hace el "Vinos y Chacinas", una vinatería ubicada en la c/Instituto (no lejos del casco histórico de Cimadevilla) que ya quedó finalista hace tres años en el Campeonato de Pinchos de Gijón, y que el año pasado ofreció un sabroso pincho que acabó siendo tan popular que han terminando incorporándolo a la propia carta del establecimiento. 

La propuesta de esta vinatería y de su cocinero, "Porto", es un montadito (en la imagen se muestran dos) que lleva por título "El último emperador" -como la genial obra maestra de Bernardo Bertolucci- como un guiño por sus toques orientalizantes: un nombre que además le viene que ni pintado para esta edición del concurso en la que precisamente se pretende combinar la gastronomía con el cine.

En el pincho se combinan numerosos ingredientes, tantos que confieso que cuando vi la lista de lo que incluía me pareció difícil que fuesen a funcionar: pan multicereales, mayonesa de mostaza, tres tipos diferentes de lechuga fresca, manzana verde asturiana, pitu (pollo asturiano) en lomitos al estilo teriyaki, y aritos de cebolla caramelizada... Estaba equivocado. Bien sea por su calidad o por el buen hacer de la cocina, el hecho es que no sólo se combinan a la perfección, sino que además esta mezcla de ingredientes asturianos y foráneos resulta fresca, vibrante, y al morder el pincho se pueden saborear perfectamente los diferentes sabores y distinguir todos sus componentes, ofreciéndonos un contraste claro entre algunos de ellos como la acidez de la fina lámina de manzana frente a la dulzura de la cebolla caramelizada, o permitiéndonos saborear el canónigo con la deliciosa carne de pollo hecha al teriyaki, coronada a su vez por la salsa de mostaza.

El pan resulta perfecto como complemento tanto por su textura -suave, tierna y muy sabrosa por los diferentes cereales- como porque al mismo tiempo nos permite agarrar el montadito perfectamente y comerlo sin ningún problema. Todos los ingredientes son frescos y de calidad, y eso nos permite saborearlos y distinguirlos perfectamente. 

"El último emperador" es uno de esos pinchos que puede no destacar demasiado a primera vista pero que resulta emocionante comer, y que cuando terminas estás deseando llamar al camarero para tomarte dos más de lo mismo. Con una presentación más original, sería candidato a finalista sin dudarlo; pero si lo que buscamos no es originalidad ni premios, sino sabor y disfrute, probadlo sin dudarlo: no os arrepentiréis.



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