Pizzería La Nonna: regreso, y decepción...

Durante años he sido un cliente asiduo de la pizzería "La Nonna" situada en la Avda. de Castilla de Gijón. Fue el segundo que abrieron en la ciudad después del original ubicado en la c/Aguado (más pequeño, que visité una ocasión hace años pero donde no quedé muy contento con la cocina y el servicio), y que fue seguido del tercero y último abierto en la c/Marqués de San Esteban, que tiene un estilo de decoración totalmente distinto -modernista, casi frío diría yo- y que también visité para no volver tras un servicio deplorable.

Una de las cosas que a veces los dueños de este tipo de negocios no entienden es que la comida y el buen servicio van de la mano; una comida de lujo con un trato deplorable puede convertir cualquier velada en un día para olvidar, pero una comida normalita acompañada de un trato amable y cuidado puede hacernos volver a más de un sitio. Este puede ser el caso de esta pizzería ubicada junto a la playa, que durante años ha ofrecido una comida italiana original hecha y servida con mimo, y donde la atención de su personal ha contribuido a más de uno a hacerse fiel de este establecimiento, a mí uno de ellos. Sin ser lo mejor de lo mejor, sus platos tenían una calidad más que aceptable, una combinación y una presentación originales y abundantes, un buen sabor, y una relación calidad-precio excelente, y durante años ha sido un lugar al que no he dudado en volver siempre que he podido y en recomendar a cualquier persona que buscara un buen italiano para comer en Gijón a un precio óptimo.

Tengo que reconocer que este año no había podido ir muchas veces y que mi última visita había sido a finales de enero; de nuevo quedamos encantados con la comida y sobre todo con el excelente trato, que a clientes asiduos como nosotros nos hacía sentirnos como en casa. Después de eso intentamos volver a principios del verano, pero nos lo encontramos cerrado sin más explicaciones. Más tarde volví a verlo abierto, y hace unos días nos decidíamos a regresar, llamando antes para reservar por ser para un domingo a las tres de la tarde.

Lo primero que me llamó la atención fue que para ser un domingo a hora punta (y además con partido en el estadio del Molinón, que está al lado), nada más entrar apenas había gente en las mesas situadas cerca de la puerta; esto puede que no parezca extraño para otro restaurante, pero en La Nonna de Castilla incluso con reserva, un domingo a esa hora siempre habíamos tenido que esperar mínimo 15 minutos, a menudo fuera porque no se podía estar dentro de toda la gente que había esperando por una mesa. No sólo entramos sin problemas sino que salvo en el comedor del fondo, en el resto del local no había demasiada gente e incluso alguna mesa vacía.  

Inmediatamente nos dimos cuenta de que todo el personal había cambiado. Ni rastro del personal antiguo, especialmente de la camarera rumana tan simpática ("Eli", creo que era su nombre) que siempre te trataba con tanto cariño, una amplia sonrisa y buen humor bajo cualquier circunstancia, y una gran profesionalidad en el servicio. En lugar del recibimiento cálido y con una sonrisa que tanto ella como sus compañeros brindaban siempre a cualquier cliente, nos encontramos con un personal y una atención más fría y hosca, sin entusiasmo, apenas sí nos devolvieron el saludo al entrar y había un ambiente de estrés, incómodo, y diría que un tanto desorganizado. Nos mandaron pasar a una mesa reservada al fondo, y con las mismas nos dejaron en el pasillo "en medio de la nada" hasta que apareció otro camarero que nos llevó finalmente a carreras hasta la mesa en cuestión. Era algo que sorprendía un poco, porque realmente el restaurante no estaba a reventar para que hubiese agobio o falta de organización. Nos trajeron las aceitunas habituales que solían poner, pero desgraciadamente observé que los otrora manteles de tela ahora son de papel, lo cual le quita bastante caché al sitio.

A la hora de pedir los platos, volvieron a hacerse patentes detalles sorprendentes como que el camarero pusiera una cara extrañada al pedirle una lasaña de berenjenas, y tras mostrarse dubitativo acabara teniendo que coger una de nuestras propias cartas para cerciorarse de que existía... Sorprende porque la carta de La Nonna, sin ser minimalista, no es tampoco excesivamente grande, y no estamos hablando de un plato difícil de recordar como unos "fetuccini" o unos "ñoquis". Es lasaña, y estamos en un restaurante italiano. En un principio lo tomé como un despiste perfectamente normal en un camarero que quizás llevaba sólo unos días trabajando en el local, pero más tarde él mismo nos confirmaría que tanto él como su compañero, de más edad, llevaban allí al menos cinco meses. Es algo que da qué pensar.

La botella de Lambrusco tinto que pedimos estaba buena, pero con esas prisas de las que ya hablé nos comenzaron a servir el vino sin ni siquiera preguntar si queríamos beber todos, ni ponernos tampoco copas para el agua, que tuvimos que pedir después. La comida tardó en servirse un poco, nada grave, pero de nuevo falló un poco la atención y además lo que vino, aunque más o menos bien presentado, no fue muy convincente. Al queso provolone a la plancha que pedimos de entrante le faltaba sabor y creo que no era el mismo que ponían antes, tenía una textura y un sabor muy diferentes y realmente la plancha se notaba poco, con unos tomates de acompañamiento realmente mal cortados. La lasaña de la discordia no pude probarla, pero una pizza cuatro quesos que nos trajeron apenas tenía presentación, parecía una gran torta de harina sobre la que hubieran vertido una capa -demasiado fina por cierto- de ingredientes mezclados y derretidos, con una masa que dejó bastante que desear y que como comprobaríamos más tarde al llevárnosla a casa, era congelada y apenas podía comerse de dura que estaba tan sólo dos horas después. Todo un paso atrás con respecto a las pizzas artesanas que ofrecían antes en este restaurante, donde además en la propia carta te aseguran que todo es casero y preparado en el momento... Por la pizza que nos sirvieron, no hubiera pagado más de cinco euros, y muchas compradas en un supermercado por menos precio la superan con creces en sabor y presentación.



En mi caso pedí uno de los platos estrella de La Nonna y que, además de uno de mis favoritos, suelo pedir con asiduidad: el Tris Nonna, una combinación de tres tipos diferentes de pasta rellena combinada con otras tres salsas que incluyen queso, gambas y espinacas, si no recuerdo mal. El sabor no era malo y la cocción de la pasta era correcta, pero le faltaba lo mismo que a los demás platos: cariño. Además a la hora de comerlo noté en varias ocasiones que el relleno aún estaba frío/congelado en algunas partes, y al corte tenía un aspecto blancuzco que lo hacía muy poco apetecible, más adecuado para comer sin hacer demasiadas preguntas... La lasaña también debía de venir del frigorífico, porque al tratar de comer más tarde en casa lo que había sobrado, nos comentaron que al sacarla de la nevera se había transformado en una masa informe que acabó en la basura.

Con el restaurante ya medio vacío, la verdad es que la sensación de estrés y falta de cuidado en el servicio continuaba. Sólo unos segundos después de que nos retiraran los platos para pasar a los postres, se presentó de repente el segundo camarero en nuestra mesa colocando a toda prisa una cuenta sobre nuestra mesa y pidiéndonos perdón por haber tardado, según dijo porque la había llevado por error a otra mesa... "No, aquí no es tampoco", le dijimos aún con el asombro en nuestra cara. Después aún oímos a los camareros preguntando a viva voz que de dónde era la cuenta, que espero que encontrase su destinatario... Todo aquello agravó la sensación de caos, confusión e incomodidad que sentimos desde nuestra entrada. Y estas no son cosas que inviten a la clientela a quedarse, ni a volver.

Así las cosas decidimos pedir únicamente un postre, un tiramisú que de nuevo no tenía una mala presentación aunque le faltaba consistencia, sabor, y sobre todo no parecía tampoco casero. Otro de los comensales pidió un café cortado, que trajeron otra vez con prisas y sin leche; cuando pudimos pedirla se presentó un camarero que se acercó a carreras con la jarra, echó una cantidad ridícula -unas gotas, media cucharilla diría yo- y con las mismas se marchó igual de rápido, sin decir nada ni preguntar si estaba correcto... La lástima fue que no nos hicieran una fotografía en aquel momento con nuestras caras, porque nos quedamos totalmente mudos de asombro. El café se quedó obviamente igual que antes, así que teníamos dos opciones: volver a pedir que nos trajeran la leche y pasar vergüenza ajena, o pedir la cuenta. Hicimos lo segundo, y el café se quedó sin tomar, aunque nos lo cobraron. 

La decepción final llegó precisamente con la cuenta: con sólo un café y un postre, y habiendo pedido lo mismo de otras veces en las que además todos pedíamos postres y café/infusiones, el precio fue notablemente mayor que en otras ocasiones, tanto que revisamos la cuenta para comprobar si habían cobrado de más, lo que no tenemos por costumbre. La Nonna se había cargado uno de sus mayores valores: la óptima relación calidad-precio. Ahora ni había calidad, ni había precio... ni tampoco detalles: desaparecida la habitual copa de vino espumoso con la que te obsequiaban siempre al entregarte la cuenta, lo único reseñable fue unos pocos caramelos baratos contados -uno por comensal- que entregaron con la cuenta, frente a las sabrosas chocolatinas con que obsequiaban antaño, además con generosidad. 

Tras una despedida de nuevo anodina, nos marchamos de allí con una sensación rara, como de haber estado en un sitio diferente: esto no podía ser La Nonna, nos debíamos de haber equivocado. Ese mismo día, indagando un poco, pude averiguar que hace unos meses hubo un cambio de dirección y que el anterior gerente, Aldo, un italiano de pro, se había ido y había montado su propia pizzería en pleno centro. Sin duda habrá que probarla. También pude comprobar leyendo opiniones en Internet que fue ese cambio el que desató no sólo los cambios en el personal, sino otros que han dejado a muchos clientes habituales profundamente descontentos, como es mi caso. Eso explica muchas cosas.

La conclusión para la Nonna de Castilla es tristemente decepcionante. Un local que durante años fue referencia y sirvió una comida italiana estupenda, sabrosa, apetecible, aunque sin pretensiones, servida con cariño, amabilidad y profesionalidad por gente que te hacía sentirte a gusto y querer volver, y a un precio realmente asequible, ahora se ha transformado en un restaurante italiano del montón donde se sirve comida que llega al aprobado justo -o ni eso- a un precio que, obviamente y con los demás factores, ya no es tan atractivo ni tan justo. 

Si los nuevos dueños buscan un nuevo concepto, desde luego no parece éste el camino y además no se han molestado en arreglar siquiera los baños, que siguen con los mismos problemas que hace un año, y sí por contra en recortar en cosas que como se ha visto ya les está restando clientes. O se ponen las pilas, especialmente con el servicio, o realmente me cuesta imaginarme volviendo a La Nonna; aunque quién sabe, quizás después de tanto tiempo me pueda la nostalgia, y acabe dándole una segunda oportunidad... Pero si eso ocurre, no creo que sea en el de la Avda. Castilla.

Localización: Google Maps


CALIFICACIÓN
(1-muy malo, 2-malo, 3-normal, 4-bueno, 5-muy bueno)

Comida: 3
Ambiente/Decoración: 2
Limpieza: 3
Servicio/Atención: 1
Relación calidad-precio: 2
Recomendable: NO. Si no has estado antes te parecerá un italiano más y lo encontrarás aceptable. Pero si ya lo conocías de antes, comprobarás que el cambio ha sido a peor. Por el mismo precio, hay otros italianos en Gijón con mejor servicio y mejor comida.

Comentarios

  1. Hola Pablo! mira me animo a estrenarte la entrada. la verdad esque estaba muy sorprendida al empezar a leer tu post sobre La Nonna de que fuese un sitio tan tan taaan bueno...al leerlo entero ya entiendo por que. Nosotros frecuentamos mucho sitios italianos, mas bien, seguimos buscando "EL" italiano. es muy dificil encontrar un restaurante italiana que te haga pizzas en condiciones....pero bueno, en concreto la Nonna, la verdad que fuimos bastante animados porque paercía que seria bastante tradicional, y nada que ver. Coincido en todo contigo, la pizza...fatal...y el tris de pasta normal de bien. Precio tirando a carete...y el servicio...bueno...muy regular. nsotros fuimos en verano asi que no conocemos la antigüa Nonna, esa que a ti tanto te gustaba...y está claro que no volveremos. Sobre todo porque...hemos descubierto la tratoria De Aldo!!! Pizzas en horno de leña....pasta fresca casera...carpaccio genial, tienes que probarlo ;)

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  2. Hola Alba: como comento en el post, la Trattoria d'Aldo está ya "localizada" y en la agenda, el otro día pasé para echarle un vistazo aunque estaba cerrada, pero será una de mis próximas visitas sin duda. Ese horno de leña hay que estrenarlo :) Yo también busco "EL italiano" por excelencia, aunque uno de mis favoritos -que ya he visitado varias veces- es La Casa Pompeyana.

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