Pagos Viejos: yo pedí liebre... y me trajeron gato


"Pagos Viejos" es una vinatería situada en pleno centro de Oviedo, nada menos que a escasísimos metros de la catedral (c/Águila esquina con Pza. Porlier), lo que hace que en verano se llene muchas veces de turistas atraídos por un bonito diseño exterior y una decoración típica en el interior, donde predomina el uso de la madera para darle un toque rústico; su decoración interior es, en ese sentido, más que apropiada para una vinatería, con una pared frontal que se nos presenta nada más entrar cubierta de cajas y botellas de vino y barricas que le dan un toque añejo, aunque luego veremos que esa decoración tan adecuada queda deslucida por algunos detalles.

Acudí aquí a sugerencia de un amigo de la capital del Principado para tomar unos vinos y de paso probar alguna de las tapas y platos que ofrece el establecimiento, y por lo que ya he descrito quedé gratamente impresionado por el ambiente creado con la decoración. A mi llegada, el bar estaba vacío y la camarera charlaba en la barra con dos amigas que eran las únicas clientas que había en el local, salvo yo mismo. Sería esto lo que haría que la calidad del servicio me pareciera "justita" tirando a normalita, siendo benevolente: cuando entré no hubo ningún saludo y la atención de la camarera sólo se desvió de la charla con las dos amigas para preguntarme qué quería tomar; igualmente tampoco prestó más atención ni sirvió pinchos hasta pasados al menos 15 minutos, cuando habiendo llegado ya mi amigo y otros dos clientes más, y después de pedirle un par de tapas, entendió que era hora de dejar un momento la charla para ir a la cocina y, de paso que se ponía manos a la obra con nuestra comida, cortar y servir de pincho con los vinos un par de rodajas de chorizo que, todo hay que decirlo, estaba muy rico pero resultó ser lo mejor de la comida que estaba por llegar. 

Todo ello, y siendo incluso comprensivo por el tiempo en que siendo más joven yo también trabajé en hostelería, no desmerecen un servicio lo suficiente como para calificarlo de "malo" pero desde luego sí que me parece poco profesional... Lo primero -y más aún con el bar vacío...- es el cliente, y cuando esté atendido, servido y satisfecho, entonces ya habrá tiempo para charlar con los amigos... o lo que sea menester. Todos podemos tener un mal día, así que vamos a dejarlo en eso.

El Pagos Viejos ofrece una amplia variedad de vinos, hay que reconocerlo, lo cual es lógico por otra parte en una vinatería pero desgraciadamente es algo que no siempre se encuentra en todos los establecimientos que llevan ese apelativo, y que es de agradecer cuando se ve. Como queríamos probar la comida del local (que incluye alguna entrada, embutidos, quesos, tostas, tapas y un par de postres), mi acompañante eligió una chistorra y yo por mi parte opté por una tapa de boletus a la plancha con crujiente de jamón; lamentablemente la camarera nos dijo que no había de esto último -extraño estando en temporada de setas- así que rápidamente acabé eligiendo para sustituirla una tosta de cabrales con confitura de cebolla. Fue aquí cuando nos sirvieron de pincho las dos rodajas de chorizo, exquisito, que hicieron que lamentara no haber pedido un plato de embutido en lugar de uno elaborado.



Aproximadamente unos diez minutos más tarde nos llegaban ambos platos, con un resultado que fue bastante decepcionante respecto a lo esperado y que me hicieron lamentar de nuevo no haber pedido aquel embutido que parecía tan apetitoso... 

Dejadme deciros que he vivido en el País Vasco y por supuesto he tenido oportunidad de probar muchas veces chistorra, tanto allí como en otros lugares; no voy a pedir que me sirvan en Oviedo una chistorra como la que sirven en el casco antiguo de Donostia, pero sí espero que lo que me sirvan, mejor o peor cocinado, sea chistorra.... La chistorra se elabora con carne fresca y picada -generalmente cerdo- y lleva ajo, sal y pimentón que junto con la grasa le da su característico color rojo brillante, y un sabor picante, con una textura una vez cocinada crujiente por fuera y tierna y sabrosa por dentro, pudiendo distinguirse perfectamente los trozos de carne picada en su interior; se sirve habitualmente en largos trozos y muchas veces -a mí es como más me gusta- abiertos longitudinalmente para que el interior pueda hacerse bien. Eso es la chistorra.

No voy a discutir qué hacían unos pimientos de bote -que de hecho casi no comimos- servidos en la cazuela sobre la "chistorra", cada uno tiene sus gustos y eso es lo de menos; pero lo que había allí, horriblemente servido cortado en multitud de trozos pequeños, eran salchichas... Así es, salchichas de Frankfurt de las que cualquiera podemos comprar en un supermercado, con su habitual textura lisa y homogénea, ligeramente rosácea en el interior y sin poder distinguirse sus componentes (no digamos ya la carne picada)... En fin, no caben más descripciones porque todos hemos comido salchichas alguna vez y sabemos lo que son y cómo son. Añadir que éstas además debían ser de las malas, porque prácticamente no tenían sabor -o eso o estaban mal cocinadas, no soy un experto en salchichas-, y ni estaban debidamente condimentadas ni habían esperado a freírlas lo suficiente como para darles el toque muy hecho y crujiente que caracteriza a la chistorra... Me pregunto si en esto tuvieron algo que ver las prisas de la camarera para volver a la barra a seguir hablando con sus amigas.

En cuanto a la tosta, aunque su sabor mejoró notablemente respecto al anterior plato de nuevo me sentí engañado por los ingredientes empleados... Cuando me quedé sin mi primera opción y busqué como alternativa una tosta de queso Cabrales y cebolla confitada, lo hice porque sin ser un fan del queso de Cabrales me gustaba el contraste que podía crear en el paladar el sabor fuerte de éste queso con la dulzura de la confitura de cebolla... Si te sustituyen -sin tu permiso y sin que nadie te pregunte- el queso Cabrales por un queso azul bastante normalito y sin suficiente sabor, el contraste desaparece casi por completo y la tosta pierde toda su gracia. 

El pan sobre el que se sirvió, aunque estaba poco más que calentado y ni siquiera estaba crujiente, estaba bueno: parecía cortado de una hogaza de pan de centeno y su textura era suave y blanda; pero esto precisamente es lo que no caracteriza a la base de pan de una tosta, que debe ser firme -y a ser posible crujiente- para poder agarrarse bien... Quizás esa fuera la razón por la que decidieron traernos una tosta cortada en porciones como si fuera una pizza: de hecho el conjunto, con ese queso azul fingiendo ser Cabrales derretido sobre el pan blando y cortado, parecía más un "panini" que una verdadera tosta.

A nivel de limpieza, cuidado y mantenimiento del local, mi nota tampoco puede ser tan positiva como el de la decoración interior. En mi camino hacia los baños, situados en el piso superior, advertí algunas zonas con restos evidentes de suciedad en el suelo -incluyendo patatas fritas- pese a estar cerradas al público ese día (un martes por la tarde) y no haber prácticamente clientes en el resto del local, lo cual dejaba entender que no habían sido limpiadas en varios días. El nivel de limpieza en los baños era el normal aunque tengo que incidir aquí que resultan un poco confusos y minimalistas en su diseño, con una simple puerta -tanto para hombres como para mujeres- que se abre a un espacio que deja el sitio justo para el WC y poco más, y que da a un pasillo acristalado (¿?) en el que se ubica el único lavabo para limpiarse las manos, con un diseño tan extraño y situado tan apartado de lo que son los baños en sí, que me costó identificarlo y casi llegué a pensar que no tenían. Al bajar de nuevo por las escaleras pude advertir que varios de los escalones, de madera sobre una estructura de hierro, bailaban bastante y estaban tan sueltos en algunos puntos que a punto estuvieron de costarme una buena caída. Estos y otros detalles hacen bajar la nota del ambiente creado pese a la decoración.

Es triste que un local con un potencial tan grande en presencia y ubicación no tenga una carta, por escueta que sea, como se merece. Con una amplia carta de vinos para elegir, la calidad de la comida -salvo quizás los embutidos, que me quedé con ganas de probarlos- no sólo no acompaña sino que hace que te sientas, de hecho, claramente estafado. Cocinada con esmero, e incluso con un poco más de atención y algún truco, la salchicha que pretendió ser chistorra y el queso azul que quiso pasar por Cabrales podían haber cumplido su papel disimuladamente para un paladar no entrenado. Pero cobrando la primera a 7 euros y la tosta a 6 euros, lo menos que puede pedir uno es que le sirvan lo que ha pedido. Sin el producto adecuado, y dando una cosa por otra además mal hecha y servida, la sensación que te queda es que te han dado gato por liebre y te han engañado... Y que lógicamente, no volverás a poner los pies allí.

Localización: Google Maps


CALIFICACIÓN
(1-muy malo, 2-malo, 3-normal, 4-bueno, 5-muy bueno)

Comida: 1
Ambiente/Decoración: 3
Limpieza: 2
Servicio/Atención: 3
Relación calidad-precio: 1
Recomendable: NO, sólo para tomar unos vinos acompañados de un poco de embutido (de verdad).




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