Analizando tres de los pinchos del Campeonato de Gijón

Tras una primera escapada superando las adversidades meteorológicas y el frío que el otoño nos está trayendo, he tenido oportunidad de probar tres pinchos diferentes de otros tres establecimientos de la ciudad. Mis sensaciones han sido muy diversas y en algunos casos me he encontrado con cosas que me han sorprendido muy positivamente, pero también negativamente, tanto que me han supuesto una completa decepción respecto a lo esperado. He seleccionado tres pinchos ubicados en locales muy diferentes entre sí tanto en estilo como en público, e incluso por ubicación. Voy a describiros mis impresiones empezando por el peor y terminando por el que, en mi opinión, ha sido el mejor de los tres que he podido probar en esta primera tanda.

Frixuelo relleno del Cantábrico bañado en salsa maravilla (El Saúco)

Lamentablemente el primer pincho del que tengo que hablar es del "Frixuelo relleno del Cantábrico bañado en salsa maravilla", obra del Restaurante-Sidrería El Saúco, ubicado en el barrio de Pumarín, que conozco bien porque fue donde yo me crié y donde están mis humildes orígenes. El Saúco es un restaurante de barrio coqueto y vistoso a primera vista que presume de tener varios premios de cocina, y por eso tengo que decir que me esperaba mucho, mucho más de su propuesta; en este caso -y como ya lamenté anteriormente en otro post- de los tres pinchos que probé este día el suyo era el único que no ofrecía en la web del concurso o en el Gastromapa creado en Google Maps una fotografía, con lo cual tuve que guiarme por poco más que el nombre a la hora de buscar un pincho que probar en la periferia de Gijón. Y el resultado fue, por desgracia, muy decepcionante.

La presentación del pincho es adecuada... nada más, y nada menos, pero poco más se puede decir que no llama la atención, lo cual ya es decir bastante. Una cosa que me chocó bastante es que junto con él se me dieron unos cubiertos, y es que de hecho pese al palillo que lo atraviesa, resulta harto difícil comerlo con las manos sin pringarse completamente los dedos o sin que se nos deshaga... De nuevo me encuentro con el mismo fallo del año pasado al comprobar que muchos hosteleros ignoran tanto el concepto de pincho como las propias bases del concurso, donde se especifica claramente que para considerarse como pincho éste debe poder comerse con la mano, y sólo opcionalmente -si el cliente lo pide- con cubiertos. Éste fallo ya supone algo en contra a la hora de valorar esto como un pincho... Pero lo que acabó por decepcionarme por completo fue encontrarme como base sobre la que se apoya el frixuelo relleno, nada menos que... ¿dos patatitas de bolsa con sabor a corteza de cerdo?? Sí, a mí me encantaban siendo un niño, las devoré a montones; pero por favor, ¿en qué estamos pensando...? ¿Patatitas baratas (ni siquiera tenían sabor) como base de un pincho para un concurso gastronómico? Francamente, no podía creerme lo que estaba viendo, me quedé atónito.

La "salsa maravilla" no es más que una salsa de marisco de sabor fuerte, un poco picante diría yo por algún condimento, pero que no aporta nada especial ni un sabor diferente que no conozcamos; por otro lado el relleno del frixuelo consiste en sucedáneo de marisco triturado y mezclado con la misma salsa -creo que además lleva huevo-, que en conjunto no creo que pueda ser muy representativo ni hacerle justicia a nuestro amado mar Cantábrico. El complemento de la izquierda es lombarda conservada en vinagre con unos toques de cebollino, que salvo por mero adorno, no entiendo muy bien cuál es su razón de ser ahí.

Parece como si alguien hubiera querido coger dos de los productos más típicos de Asturias -frixuelos y marisco- y combinarlos en un pincho pensando en algo popular a la vez que de nuestra tierra; es una propuesta que a priori podría funcionar muy bien -más bien con un crep, con una consistencia más firme y crujiente- pero con los ingredientes y la combinación adecuada. El conjunto tiene una combinación de sabores que no funciona, el pincho resulta monótono y con un relleno insípido, salvo por el sabor de la salsa y la propia masa del frixuelo... Y el complemento con la lombarda en vinagre, y las patatas fritas de la base........ En fin, se puede decir que no tiene ningún sentido, siendo muy amable. En definitiva, un pincho con un nombre ostentoso y llamativo que no está a la altura del mismo, con una presentación y un sabor totalmente decepcionantes y que se quedan muy por debajo del nivel que se busca en este concurso.

The black Kentucky Angus (El Trompetista)

El segundo pincho del que quiero hablar es del que presenta en esta edición El Trompetista, un original restaurante americano -no cometáis el error de confundirlo con una simple hamburguesería- que está dando mucho que hablar y que seguramente seguirá dándonos sorpresas. Los chicos de El Trompetista han destacado desde sus comienzos por su profesionalidad y su buen hacer, y con pocos medios han sabido trabajar duro y renovarse día a día. De hecho El Trompetista es en realidad la reinvención de lo que hasta hace no mucho era el "De Tapas", que presentó un delicioso y original pincho de morcilla a la edición de 2012 del Campeonato de Pinchos de Gijón, que os muestro a continuación.

El original pincho presentado a la edición de 2012 por "De Tapas", ahora renombrado "El Trompetista"

En mi opinión su pincho de 2012 mereció estar entre los finalistas por calidad, presentación, concepto y sabor, me dejó realmente sorprendido ver tanta calidad y originalidad en un local casi escondido en una calle de la antigua Ruta de Los Vinos de Gijón. Por desgracia no fue así, pero este año los chicos de este pequeño gran rincón de la comida americana y la música rock en la ciudad han sabido volver a sorprenderme.

El pincho que nos presentan es "The black Kentucky Angus", una interesante propuesta en torno a la comida americana ofrecida con calidad y una buena presentación. Sobre una base de salsa Kentucky que resulta deliciosa para mojar y un perfecto complemento, se presentan dos piezas de carne picada y rebozada a lo "KFC" acompañadas por auténtico pan de maíz; la carne, según nos detallan los chicos de El Trompetista y se puede constatar por su sabor, es de vaca Angus, una raza originaria de Escocia -caracterizada por carecer de cuernos- muy cotizada en países como Argentina y especialmente en Estados Unidos, y considerada como la mejor carne de vacuno del mundo por su ternura, textura y sabor.

Me quedé sin probar las especias que acompañaban el plato, fallo mío; sin que las especias sean mi fuerte, parecía algo similar a pimienta roja molida -que me perdone el chef, porque no me fijé demasiado- y me pregunto si mezclándolas hubieran añadido otro sabor más al pincho. En conjunto tengo que decir que el Black Kentucky Angus funciona muy bien, tanto visualmente como -sobre todo- en sabores; la carne estaba perfectamente hecha y rebozada de forma magistral, dejando una textura tierna y sabrosa por dentro y una capa crujiente por fuera sin quedar aceitosa.

En su contra tengo que decir que para mi gusto el pan de maíz no es el más óptimo como complemento, porque costaba tragarlo a veces por la harina, aunque entiendo que se buscaba complementar la carne con algo típicamente americano y, todo hay que decirlo, hecho a mano. A nivel de diseño, me gustó también más el del año pasado. No obstante visto en su totalidad el pincho aprueba con nota, pese a su aparente sencillez está hecho con una gran técnica y calidad, te entra enseguida por los ojos, resulta muy sabroso y cuando acabas te apetece pedir otro más. Resulta popular, y así lo atestiguan los clientes que abarrotaban el local -y saturaban la cocina- pidiendo su pincho de concurso cuando me fui de allí... Bravo chicos.

El cornetto de Don Corleone (Cicerone)

El tercer pincho que tuve ocasión de probar, y que para mí ha resultado el claro ganador de la jornada por razones que advertiréis viéndolo pero sobre todo probándolo, es "El cornetto de Don Corleone" que nos presenta este año el restaurante italiano Cicerone, ubicado en pleno centro de la ciudad junto a la zona de vinos del barrio del Carmen.

La presentación de este pincho resulta magnífica y tremendamente original, dándole la vuelta al propio concepto de pincho pero sin perder su propia esencia, que es que pueda ser algo que se coma con las manos, y... ¿qué mejor que un cucurucho para comer algo sin cubiertos? Pero lo que resulta más sorprendente es la sensacional "explosión de sabores" -como lo describió la camarera que lo sirvió- y su combinación en varias capas conforme vamos comiendo el pincho, comenzando por la mozarella que corona el cucurucho hecho de harina de maíz, y acabando en el tomate fresco triturado en su extremo final, que se complementa perfectamente con el jamón ibérico que encontramos a medio camino... 

Hay otros ingredientes como aceite de oliva, gel de manzana, pimienta, aceituna negra molida... Bueno, desgraciadamente la cantidad y variedad de ellos concentrados en un espacio tan pequeño realmente me abrumó y no pude quedarme con todos ellos en la memoria, pero el hecho es que la fusión funciona a las mil maravillas y cumple su objetivo marcado de sembrar una fiesta de sensaciones y sabores en el paladar a medida que vamos comiendo. Toda una obra maestra de la gastronomía, de la que como único punto negativo tengo que decir que me la esperaba -quizás fue mi impresión por las fotos publicadas- bastante más grande de lo que finalmente fue. 

Aun así el "pincho" (casi cuesta llamarlo así) del Cicerone es, en mi humilde opinión, un claro candidato a finalista por muchos factores, y es de esas cosas por las que no te importa no sólo pagar los 2 euros que vale, sino incluso el doble. Todo un contraste con la primera de las propuestas del día, que tristemente costó exactamente lo mismo y por la que yo personalmente no hubiera pagado más de 50 céntimos.


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